El origen cósmico de la civilización: Otros meteoritos que pudieron haberlo cambiado todo.

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El desarrollo de la agricultura y el pastoreo permitió que, hace unos 11.700 años se asentasen en Mesopotamia las primeras ciudades y, en definitiva, las primeras civilizaciones complejas, lo que se conoce como inicio de la Revolución Neolítica. Pero este cambio de paradigma en el modo de vida de nuestra especie no fue un simple brote de inspiración, sino probablemente la adaptación a unos cambios climáticos y ambientales realmente bruscos en el hemisferio Norte, cuyas causas son desde hace décadas objeto de un intenso debate científico, y para las que cada vez se aportan más pruebas para atribuirles un origen cósmico.

Hace 18.000 años el planeta se encontraba en el último máximo glacial, el nivel del mar se situaba unos 120 metros por debajo del actual, y el agua que faltaba en los océanos estaba en forma de grandes masas de hielo sobre Europa y Norteamérica principalmente. Desde entonces, debido al aumento de la insolación en verano en el hemisferio Norte la temperatura subió, con “el caloret” los glaciares comenzaron a derretirse, y con ello el nivel del mar ascendió.

La insolación de los distintos hemisferios a lo largo del tiempo, en una escala de miles a cientos de miles de años, está controlada por las variaciones cíclicas en la excentricidad de la órbita terrestre (cada 100.000 y 400.000 años aprox.), en la inclinación del eje de rotación (cada 40.000 años aprox.) y en el movimiento de precesión del eje (cada 20.000 años aprox.). Son estos ciclos los que han controlado la alternancia de periodos glaciales e interglaciales en los últimos millones de años.

Sin embargo, hace unos 12.800 años retornaron repentinamente las condiciones glaciales, con descensos de temperatura de varios grados en 100 años y una aridificación generalizada en la región Mediterránea, llegando a desarrollarse incluso desiertos de arena en Castilla y León, momento que se conoce como “Younger Dryas”. Este cambio climático supuso la reducción de las poblaciones de grandes mamíferos en gran parte del hemisferio Norte, también de la población humana.

Pero si la llegada del frío fue repentina, los cambios climáticos que dieron fin al younger dryas lo fueron aún más, con cambios extremos en la precipitación y temperatura de muchas regiones, y un aumento del nivel del mar de hasta 50mm/año (15 veces superior al actual). El fin del Younger Dryas hace 11.700 años es también la terminación “oficial” de la última glaciación, lo que se conoce como límite Pleistoceno-Holoceno, dando paso a un clima más cálido y húmedo en la región mediterránea. Gracias al estudio de sondeos en el Mar Muerto sabemos que el fin del Younger Dryas y el inicio del pastoreo y la agricultura en la región fueron simultáneos, coincidiendo además con el asentamiento de las primeras ciudades.

En esta gráfica se puede apreciar cómo a pesar del aumento de la insolación en verano en el hemisferio Norte al final de la última glaciación, se produjo una brusca caída de las temperaturas y la precipitación hace unos 12.800 años. El final del YD se refleja aquí como un aumento repentino de la precipitación y la temperatura (de hasta 7ºC en 50 años en el Sur de Groenlandia), que da paso a un aumento acelerado del nivel del mar por la fusión masiva de los glaciares.
Grafico: Javier Pérez Tarruella. Modificado de Abdul et al. (2016) para Geología desde Ávila.

Para el origen del Younger Dryas han sido propuestas muchas causas, desde la entrada de enormes masas de agua dulce al océano por el colapso de lagos formados por el deshielo (hipótesis del Lago Agassiz), hasta la llegada de radiación gamma proveniente de una supernova. Sin embargo, la hipótesis más consolidada en los últimos 2 años ha sido la del impacto de un asteroide/cometa.

Desde que la hipótesis fue lanzada en 2007, las pruebas han ido sumándose, llegando a encontrarse evidencias de impacto en forma de concentraciones anómalas de Platino o Iridio en más de 50 yacimientos de todo el mundo. A finales de 2018 se publicó el hallazgo de un gran cráter de impacto al oeste de Groenlandia, Hiawatha, que aunque no ha podido datarse aún, se piensa que podría ser muy reciente por su excepcional estado de conservación, y que con más de 30 Km de diámetro (producto de una explosión colosal) podría explicar algunos de los abruptos cambios vividos en la terminación del último periodo glacial.

Modelo de elevación del gran cráter Hiawatha descubierto bajo el hielo de Groenlandia. Kjaer et al. (2018)

Quizá los cambios desencadenados por un meteorito hace más de 12.000 años obligaron a nuestra especie a cultivar tras la extinción masiva de plantas y animales, así como a criar ellos mismos los animales que consumían, permitiendo el asentamiento de poblaciones. La estabilidad climática que se estableció tras el fin de la última glaciación en los milenios siguientes nos permitió seguir aprendiendo y mejorar las técnicas agrícolas, convirtiendo una incómoda estrategia de adaptación (pues los primeros agricultores vivían peor que los últimos cazadores-recolectores) en una revolución: La Revolución Neolítica.

Sin aquel meteorito, o cometa, o supernova, o lo que sea que provocase el Younger Dryas, seguramente la civilización tal como la entendemos no habría surgido. O quizá sin él habría surgido 1000 años antes al no retrasarse el fin de la última glaciación.

Del mismo modo en que un cambio climático abrupto propiciado por un evento cósmico obligó a la Humanidad a adoptar un cambio de paradigma, quizá otro cambio climático abrupto, en este caso propiciado por la Humanidad misma, nos obligue próximamente a dar el siguiente paso.

REFERENCIAS

  • Abdul, N. A., Mortlock, R. A., Wright, J. D., & Fairbanks, R. G. (2016). Younger Dryas sea level and meltwater pulse 1B recorded in Barbados reef crest coral Acropora palmata. Paleoceanography, 31(2), 330–344.
  • Anderson, D. G., Goodyear, A. C., Kennett, J., & West, A. (2011). Multiple lines of evidence for possible human population decline/settlement reorganization during the early Younger Dryas. Quaternary International242(2), 570-583.
  • Brakenridge, G. R. (2011). Core-collapse supernovae and the Younger Dryas/terminal Rancholabrean extinctions. Icarus215(1), 101-106.
  • Dansgaard, W., White, J. W. C., & Johnsen, S. J. (1989). The abrupt termination of the Younger Dryas climate event. Nature, 339(6225), 532–534.
  • Kjær, K. H., Larsen, N. K., Binder, T., Bjørk, A. A., Eisen, O., Fahnestock, M. A., … & Houmark-Nielsen, M. (2018). A large impact crater beneath Hiawatha Glacier in northwest Greenland. Science advances4(11)
  • Lu, Y., Waldmann, N., Nadel, D., Marco, S. (2017). Anthropogenic-enhanced erosion following the Neolithic Revolution in the Southern Levant: Records from the Dead Sea deep drilling core. Geophysical Research Abstracts, V. 19. EGU General Assembly 2017.
  • Munro, N. D. (2003). Small game, the Younger Dryas, and the transition to agriculture in the southern Levant. Mitteilungen der Gesellschaft für Urgeschichte12(4), 47-71.
  • Thackeray, J. F., Scott, L., & Pieterse, P. (2019). The Younger Dryas interval at Wonderkrater (South Africa) in the context of a platinum anomaly.

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