Calendarios y sacerdotes: el Zodiaco contraataca.

Antes de nada: lo siento, pero probablemente todos mis artículos, con sus títulos, tengan alguna referencia como esta, y con un humor de esta “calidad”. Esto es la continuación de la Saga del Zodiaco que comencé con este artículo, y va a ser necesario tomarlo desde ese punto para no repetirme como el buen chorizo tras la barbacoa.

Si eres un poco aficionado a los documentales de historia antigua, o incluso a algunos un poco conspiranoicos, lo que voy a decir no te va a resultar nuevo: varias de las civilizaciones antiguas (como la egipcia o la maya) eran grandes astrónomas y constructoras. Conocían y controlaban con una precisión asombrosa varios ciclos observables en el firmamento: tenían calendarios basados en la luna y en las estrellas.

Veamos un ejemplo en la civilización egipcia, concretamente en el emplazamiento de las pirámides de Giza. De todos es sabido lo que se dice de que la posición de las tres pirámides parece reflejar la de las tres estrellas del Cinturón de Orión (o Las Tres Marías dependiendo de quién). No se queda ahí la coincidencia.

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A partir de ahora, vamos a entrar en un terreno de hechos sin demostrar, pero que a mi forma de ver (y la de muchos arqueólogos, arqueoastrónomos y egiptólogos), tienen mucho sentido y encaja perfectamente con el conocimiento que esta civilización poseía sobre el cielo. Antiguamente, las constelaciones de Acuario y de Escorpio se representaban como un ángel y un águila. Junto con Tauro y Leo, estas cuatro constelaciones forman, uniéndolas dos a dos, dos ejes perpendiculares (aproximadamente) conocidos como Tauro-Escorpio o Tauro-Águila (representado en la civilización babilónica como un león alado) y Leo-Acuario o Leo-Ángel (que concuerda con la esfinge).

Las cuatro constelaciones tienen cuatro estrellas brillantes asociadas: Régulus en Leo, Aldebarán en Tauro, Antares en Escorpio y Fomalhaut en Piscis (antiguamente ubicado en Acuario). Nuestra esfinge tiene en el pecho un bulto que llamaban “el corazón del león”, lo cual interpretan que es Regulus. Haciendo algunas cuentillas de nada, se puede ver que en aquellas remotas fechas los ojos de la pirámide apuntaban a Régulus en determinado momento del año. Añadido a esto, los egipcios habían observado que año tras año, el firmamento cambia muy levemente, pero observable tras varias décadas.

En esta imagen podemos ver que, de forma aproximada, aparecen estos dos ejes perpendiculares: Tauro-Escorpio y Leo-Acuario. Al tener estas cuatro estrellas destacadas, resultaba especialmente útil para dividir y orientarse en el cielo durante el año.

Con todo esto, se puede ver que una de las cuatro aristas de la pirámide mayor de Giza, Kefren, corta a la esfinge, y que la mirada de la esfinge periódicamente “mira” hacia cada una de las cuatro estrellas que hemos mencionado antes. La proposición es la siguiente: el emplazamiento de Giza era una especie de reloj astronómico que marca con mucha precisión un ciclo de un movimiento de la Tierra, al que llamamos precesión, que dura unos 26.000 años. A este ciclo se le llama Precesión de los Equinocios.

Resumiendo ahora un poco todo lo que he contado antes: los egipcios notaron cómo las estrellas cambiaban ligeramente de posición con el paso de años, a si es que se propusieron calcular cuánto tiempo tomaba este ciclo en completarse y marcar qué es lo que se veía en ese momento. Para ello, construyeron las pirámides de Giza de forma que llamaran la atención sobre por qué tenían la posición de unas estrellas en el cielo marcadas, para que al fijarse un poco más se viera que conocían este ciclo astronómico y además ellos tuvieran una forma de marcar en qué momento estaban, para así hacer sus cálculos y establecer sus calendarios.

Recuerde, querido lector, que estamos hablando de teorías sin consenso científico, y por lo tanto, de especulación. He querido hablaros de esto porque a mi forma de ver, tiene mucho sentido que fuera así, y varios investigadores siguen esta línea. Con estos argumentos, se pueden explicar y entender los conocimientos astronómicos de esta civilización al igual que parte de sus costumbres, ya que usaban la astronomía con fines prácticos: medían el firmamento para poder predecir subidas y bajadas del Nilo, y además, tenía para ellos un alto valor religioso, mezclándose también con la astrología.

En el próximo artículo, hablaré un poco más de la Precesión de los Equinocios, explicando de dónde viene, y su relación con el Zodiaco. Hasta entonces, solo queda esperar y leer más en este magnífico blog.

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